La educación finesa. ¿La educación española?.

Os resumo un artículo que está publicado en la revista XL Semanal, donde un periodista español viaja a Finlandia para analizar donde reside la diferencia existente entre la clasificación obtenida por Finlandia y España en el informe PISA.

Comienza, repasando los datos del informe PISA: Ciencias: Finlandia, 1ª, 563 puntos. España, 31ª, 488 puntos. Matemáticas: Finlandia, 2ª, 548 puntos, a sólo uno de China Taipei. España, 31ª, 480, a cuatro de la media de los países desarrollados. Lectura: Finlandia, 2ª (547), por detrás de Corea del Sur. España, 35ª (461), protagoniza además el peor descenso en comprensión lectora de los países de la OCDE (485) desde el último informe. Por cierto, que el suspenso se sitúa según el informe en la media de los países de la OCDE en 491 puntos. Como podéis ver, estamos por debajo de dicha puntuación.

Por cierto, que dentro de nuestro país también hay diferencias. Por ejemplo, los andaluces estamos en la cola en mates, por debajo incluso de Azerbaiyán.

En Finlandia, si una escuela hace puente (los centros tienen autonomía para tomar estas decisiones), antes obliga a sus alumnos a salir algo más tarde cada día hasta completar las clases que se hubieran perdido. En España, los colegios suelen hacer del puente de la constitución un viaducto.

La mayoría de los niños van al instituto en transporte público. No existe transporte escolar. El billete lo subvenciona el municipio. Por ley, ningún alumno puede vivir a más de cinco kilómetros de la escuela. Pero por el frio y la lluvia, el transporte público es lo que tiene éxito.

Llega el periodista a la escuela Saarnilaakson. Primera sorpresa: en la entrada no se ve a decenas de estudiantes apurando el primer pitillo de la mañana, como en los institutos españoles. Ni una colilla ni una hoja ni una pintada. No hay garabatos en los pupitres ni en los aseos. Todo parece recién estrenado.

Saarnilaakson es una escuela pública, como el 97 por ciento de los centros finlandeses, a diferencia de España, donde el 35 por ciento son privados. Las aulas disponen de un televisor con pantalla gigante de plasma, acuario de 200 litros con pececitos de colores, cocina con fregadero, medios audiovisuales, aire acondicionado, muchas plantas. Hay un ordenador por cada dos alumnos. Una docena de máquinas de coser en la clase de costura, aparatos de soldar, herramientas de carpintería, esquíes… Un gimnasio cubierto, un auditorio para las clases de teatro y un comedor con autoservicio. Los libros de texto son gratis, el material escolar es gratis, la comida es gratis.

Los universitarios sólo han de pagar los libros y la comida (2.50 euros en la cafetería de la facultad). El Estado los ayuda a emanciparse con subvenciones para alquilar una vivienda y una paga. Todo el sistema está montado para que los finlandeses se acostumbren a ser autónomos desde bien pequeñitos y se vayan a vivir por su cuenta a los 18 años.

Segunda sorpresa: en vez de sonar el timbre, suena las notas de una balada de piano de Erik Satie. En la escuela de Saarnilaakson hay 400 alumnos y 40 profesores, médico, asistente social, psicólogo y hasta dentista.

Pregunta a una madrileña profesora de Castellano en Finlandia. “Cobro 1.800 euros por 15 horas semanales. El sistema no incentiva que trabajes más. Prefieren repartir el trabajo para que no haya paro. ¿Cómo? Aumentando mucho los impuestos a los que ganan más. A mí sólo me retienen el 10 por ciento. Pero a un médico que gane 5.000 euros le retienen la mitad. Además, tienes derecho a paro toda la vida. Tendría que pensármelo mucho para volver a España”.

Los alumnos también estudian sueco e inglés obligatoriamente. Y alemán, francés o italiano como optativas. Pero tienen una gran ventaja. Las películas y series de televisión extranjeras no están dobladas. Todas se pasan con subtítulos. Los niños se acostumbran desde pequeños a escuchar otros idiomas y, además, adquieren destreza lectora.

El horario es de 8 a 15. Las clases son muy breves: 45 minutos. Hay un recreo obligatorio al aire libre y una pausa de media hora para comer. Nada de sobrecargar a los alumnos, deben de terminar frescos. Se estimula el razonamiento crítico antes que la memorización.

Hay clases distendidas, como baile de salón, teatro, arte digital, peluquería, artes marciales, hockey sobre hielo, esquí de travesía, cocina, primeros auxilios, carpintería, soldadura o música.

Hasta aquí mi extenso resumen. Yo os invito a que leáis el artículo entero (pinchando aquí) y que hagaís un ejercicio de reflexión comparativa con el sistema educativo que todos conocemos.

Por cierto, que no nos engañen nuestros políticos con las promesas de rebajas de impuestos. A menos impuestos, menos gasto público social. Menos dinero para sanidad, menos dinero para educación, menos dinero para infraestructuras, menos dinero para subsidios y pensones, en definitiva, menos dinero para mejorar el bienestar social de nuestro país.

Un saludo,

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