Se acabó . . . que diga, ¡¡EMPECEMOS!!

Acabo de terminar los exámenes. Acaba de empezar la mejor época de todas, esa época donde disfrutas más de todo, del sol, del aire, de los amigos, de un buen libro, de alguna película, de algún reencuentro, de un café, de dormir, de soñar, de escuchar música, de poder volver a escribir en este blog, en definitiva, de todas las cosas sencillas que no puedes disfrutar durante los exámenes.

Y es que el método es muy cuestionable. Seis asignaturas que tenía, equivalen a seis exámenes. Seis exámenes de una hora y media o dos horas por lo general en los que te juegas el curso. Uno puede tener un día malo, una mala racha, gripe o cualquier impedimento personal que puede echar por tierra una asignatura en cuestión de segundos. Otro aspecto bastante cuestionable es que nos convertimos, como diría la excepcional economista Joan Robinson, en ineficaces hipercríticos. No existen debates en la universidad y los alumnos solamente se dedican a plasmar en el papel lo que el profesor quiere leer más tarde, sin que nadie se cuestione la validez o moralidad de lo que está escribiendo y se a tenido que meter en la cabeza sin más remedio.

Sin más, he hecho cinco buenos exámenes y otro más flojito, de los cuales habiendo terminado hoy, ya no me acuerdo de nada. No hay nada razonado, simplemente reproducido o plasmado. Yo solamente espero que los residuos no se impregnen en mi cerebro como si de isótopos radiactivos se tratasen.

Es posible que anuncie mis resultados finales, al igual que también es posible que vaya anunciando todas las cosas que tengo que recuperar por no poderlas hacer durante este tiempo, como viajar, involucrarme mucho más con mis compañeros de Economía Crítica y sacar definitivamente adelante interesantísimos proyectos, aprender, descansar y relajarme.

Un saludo, y suerte si aún no habéis acabado (o empezado).

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