¿Quién soy?

Nunca me atrajo ningún tipo de nacionalismo, ni amor exacerbado por ningún lugar en concreto. A pesar de ello, es imposible que el ser humano no cree importantes vínculos con su entorno. Entorno constituido por amigos, familiares, sociedad, cultura, clima, convivencia, libros, mar, montaña, naturaleza, y así un sin fin de variables, todas con un nexo en común, un pilar para todas, el Planeta Tierra.

Defender, querer y curar al planeta debiera ser nuestro único sentido por el que actuar. Ya que si conseguimos ese objetivo, todas las demás variables intermedias mencionadas anteriormente también mejorarán. Cualquier vínculo o comportamiento humano está completamente condicionado al planeta pero en el día a día nuestras conciencias demuestran que no están educadas para pensar ni en repercusiones ni en las externalidades de nuestros actos.

La globalización o mundialización son palabras erróneas para nuestros tiempos, puesto que suenan demasiado bien. Estoy seguro de que alguien que desconozca por completo dicho fenómeno, si se dispusiera a intentar explicar que le parece a él que es eso de la globalización, su descripción estaría cargada por completo de connotaciones positivas, como por ejemplo, igualdad, paz, libertad y bienestar mundial. Pero nosotros sabemos que es un fenómeno hostil tanto para el ser humano como para el planeta y todas las especies y ecosistemas que existen en él. Amigos, familiares, sociedad, cultura, … , todo cambia en el sentido que desean los que mueven las cuerdas, aunque nadie lo perciba.

Las cuerdas de esa globalización las mueven los economistas, esos falsos expertos que muchas veces se consideran científicos y que trabajan para los intereses de los grandes conglomerados financieros y para las políticas neoliberales. ¿Porqué no se ponen a trabajar para el bienestar humano y planetario?.

Como dijo Keynes: “La dificultad reside no en las ideas nuevas, sino en rehuir las viejas que entran rondando hasta el último pliegue del entendimiento de quienes se han educado en ellas, como la mayoría de nosotros”.

 Y es que muchos sucumben al neoliberalismo, por simple comodidad y simplificación de modelos y argumentos. Con esto me refiero a los docentes universitarios que tratan las teorías de los manuales de economía (y de otras disciplinas) como verdades absolutas, sin que sean capaces de afrontar que las ciencias económicas no han dejado de ser ciencias sociales. Y no hay teoría válida sin valoración política. Y es por esto, que se despojan de las escuelas de corriente de pensamiento o simplemente fabrican modelos con una realidad tan falseada que las probabilidades de que ese modelo se dé en la realidad son remotas por no decir imposibles.

Si alguien se ha de sentir ofendido, es la sociedad y el planeta. Si algún economista se siente ultrajado, decirle que abra su mente y busque textos alternativos a los que les han impuesto.

El camino es duro, pero no hay que descansar ni un sólo día, si creemos que las cosas pueden mejorar. Como dijo Albert Einstein: “Cualquier tonto puede hacer las cosas más grandes, más complejas, más violentas. Hace falta un toque de genio y mucho valor para moverse en la dirección opuesta”.

Como información adicional, mi nombre es Desiderio Cansino Pozo, nací en Málaga en el año 1985, soy licenciado en Administración y Dirección de Empresas y licenciado en Economía, ambas en la UMA. Actualmente, estoy realizando un Posgrado Oficial en Economía Internacional y Desarrollo en la UCM. Por supuesto que mantengo una formación alternativa en Ciencias Económicas paralela a la que recibo en la universidad, siempre en compañía de economistas críticos y heterodoxos, ya sean estudiantes, investigadores, profesores y catedráticos o personas inquietas. A diferencia de las clases multitudinarias de la facultad, donde todos los alumnos están solos.

Un saludo, que seáis felices y hagáis felices.

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